

Silvia Gabriela Vázquez
Siempre
Acabo de perder una palabra,
una brillante, breve y redondita,
terminada en un moño desatado.
Acabo de perder una palabra,
siete letras prolijas en cursiva
en la pizarra azul de lo impensado.
Pobre palabra loca que no quiso
treparse a mi garganta ni a tu boca…
y hoy (culpa del hechizo o del despecho),
agoniza en el techo del pasado.
Hasta la rima calla
Las palabras caminan
en fila y en silencio.
Se dirigen al centro
(involuntario centro)
de la escena.
Van a decir, llorar,
o gritar con la voz
de los que tienen algo
astillado y antiguo,
impidiendo que nazca
la pregunta.
Excepciones permanentes
Un ciclón anunciado en la radio,
un tornado escondido por miedo,
dos brisas temerosas y pequeñas
creyéndose las dueñas de las cosas
acariciando apenas los abismos.
Y yo allí, con mi alud de palabras,
justo en la esquina misma del cruel daño
casi ahogándome en mis eufemismos
me voy… sin decirte que te extraño.