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Poética cubana desde la ruptura vanguardista

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Publicado por adminkatabasis at 5 octubre, 2021
Categorías
  • Ensayo Literario
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  • Denia García Ronda
  • Ensayo literario
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  • Juan Ramón Breá
  • Myra Nova
  • Opinión
  • Poética cubana desde la ruptura vanguardista
  • Regino Pedroso
  • Roberto Fernández Retamar

Ilustración: Florencia Luna

 

Myra Nova

 

 

Para definir la vanguardia en Cuba, se han de tener en cuenta el canon y también las circunstancias. La experimentación vanguardista no se produce hasta que críticos como Alejo Carpentier comienzan a investigar y a divulgar rasgos de las disímiles poéticas europeas, conocidas como vanguardia, y a dar a conocer a poetas, manifiestos incluidos en ella.

Existen diversos criterios en cuanto al concepto de vanguardia o vanguardismo. Guillermo de Torre lo define como: «postulados estéticos comunes a los diferentes “ismos” europeos, sin aludir a las relaciones que tiene su aparición con otras ramas de la sociedad, ni a las especificidades nacionales; esos “ismos” serían el canon: si se coincide con ellos habrá vanguardia, si no, no la hubo».

Por el contrario, José Carlos Mariátegui lo aborda desde un criterio sociológico, centra el fenómeno dentro de la crisis capitalista mundial y las circunstancias de cada país, en especial, de Latinoamérica.

Publicaciones como Revista de Avance, Aventura en Mal Tiempo, Orto, Antena, devienen voceros de las nuevas tendencias. La producción vanguardista cubana coincide con la década de los años 20, época de convulsiones sociales y de cambios en el pensamiento sociopolítico de gran parte de los intelectuales en la Isla. Por ello no resulta extraño que mucha de la primera poesía vanguardista cubana (alguna de pésima calidad) guarde relación con el ámbito social y las condiciones políticas cubanas del período.

La mayoría de los críticos perciben dos momentos claves dentro del vanguardismo poético cubano. Roberto Fernández Retamar denomina «vanguardia» a mucho de lo producido antes de 1930 con intenciones renovadoras respecto del modernismo, y postvanguardia a la poesía creada después de esa «alharaca vanguardista».

Cintio Vitier, en su libro Lo cubano en la poesía expone que la verdadera vanguardia es aquella a la cual Retamar denomina postvanguardia, y que el primer momento era un «puro disparate».

Sin embargo, para Denia García Ronda, la poesía vanguardista cubana “no puede organizarse de manera cerradamente cronológica; si hay casos como los de Enrique de la Osa, Ramón Guirao, que se aferran a un futurismo superficial e intrascendente, cuya intención contestataria es más política que poética, hay otros, entre ellos Nicolás Guillén, que pertenecen, como los anteriores, a lo que llamo «ruptura vanguardista», pero que hacen una poesía si bien transicional hacia su mejor voz, con valores poéticos nada despreciables, esa ruptura acontece entre los años 1927 a 1930”.

 

Entre líneas: poetas vanguardistas cubanos

Desde principios del siglo XX arriban a Cuba, por medio de reseñas y críticas a obras europeas, nuevos aires vanguardistas, aunque su práctica en el país resulte bastante tardía. Para 1923, los intelectuales propugnan un cambio, no solo en la conciencia social, sino también en las manifestaciones de la cultura artístico-literaria, agrupadas en el último manifiesto del Grupo Minorista.

En el marco de la poesía, ello se evidencia en las diversas variantes asumidas por el postmodernismo («ironía sentimental» en la obra de José Zacarías Tallet); dichas variantes se consideran antecedentes válidos de la vanguardia poética cubana.

Asimismo, el doble condicionamiento artístico y social provoca que las tendencias más recurrentes fuesen el futurismo, y, en menor medida, el surrealismo, las cuales le ofrecen a los poetas más herramientas para el cuestionamiento de la problemática social (especialmente lo relacionado con el campesino y el obrero), ello se aprecia en algunos poemas de Guirao y de De la Osa.

Regino Pedroso, por ejemplo, asume los postulados estéticos e ideológicos de la vanguardia en sus distintas formas para conformar el poema al taller mecánico, e incluso, utiliza las denominaciones vanguardistas en el trabajo con los tropos. El taller de Pedroso deviene organismo vivo, en apariencia atemorizante, pero solidario con los obreros, y como tal, debe batallar con ellos por sus derechos.

Sin embargo, el aferramiento a lo social, no caracteriza, en su totalidad, a los poetas ubicados en la ruptura vanguardista. Juan Ramón Breá, de filiación surrealista, refleja en sus poemas un angustioso y complejo mundo interior, amén de ser un activo luchador en su actuación social, líder del Grupo H y renovador de la cultura santiaguera.

Otro ejemplo lo constituye Regino Boti quien, sobre la base de elementos de comparación no tratados por la poesía tradicional, enfoca lo contemporáneo en su complejidad. En sus poemarios vanguardistas Boti organiza pequeños cuadros en movimiento, con trazos escasos, los cuales remiten al cubismo y al lenguaje cinematográfico. «Kindergarten» (1930), su último libro publicado, se devela como un poemario de caricaturas, burlas y sátiras.

Manuel Navarro Luna deviene uno de los primeros poetas cubanos que rompe con los cánones formales anteriores e inicia la vanguardia poética en la Isla. Su primer libro «Surco» (1928) es representativo del primer momento vanguardista, signado por la experimentación y la adecuación cubana de las nuevas corrientes europeas, y del interés por las problemáticas sociales.

Navarro Luna trabaja en la estructura tipográfica del poema y en recursos como los puntos suspensivos, el matiz exclamativo, el encabalgamiento. En cuanto al léxico, si bien utiliza palabras nuevas, continúa con el empleo de metáforas con fuente en lo natural.

Emilio Ballagas se enmarca también dentro de la poesía vanguardista cubana. En el primer asalto de dicha vanguardia incursiona en los modos futuristas y, en menor medida, surrealistas; asimila varios de sus recursos formales como el uso de imágenes (relacionadas con los adelantos técnicos del siglo XX como el cine, automóvil, aviación, electricidad), la utilización de la i latina como conjunción, la renuncia al metaforismo tradicional, la despreocupación por la rima.

Denia García Ronda asevera: «en sus poemas “rupturales” ya emerge su distinción poética, es decir, el acento lírico, manifestado muchas veces por la ternura en el tratamiento de su objeto poético». Aunque no asuma el léxico del postmodernismo, ni su metaforismo, en la poética de esta etapa, se percibe una emoción contenida, distante de la «frialdad» vanguardista. Ello resulta evidente en poemas como «Bajo mis pies», donde existe una interrelación afectiva entre sujeto y objeto en el poema.

A pesar de que en los poemas publicados en la revista Antena aún no se vislumbra el hedonismo posterior de Júbilo y fuga, entre estos y su primer poemario aparecen puntos de contacto. Los poemas ballaguianos de la ruptura ya muestran rasgos de la ternura, el candor, el tono travieso, el intimismo, los cuales tendrían su completa expresión a partir de Júbilo y fuga.

Por su parte, Félix Pita Rodríguez, asume en sus poemas, las propuestas de las nuevas corrientes poéticas: desde los temas novedosos y rebeldes hasta la renuncia al sistema de puntuación, al uso, la tipografía y a la estructura tradicional de las estrofas. Sin embargo, no se torna una poesía deshumanizada, en ocasiones, roza lo romántico.

Nicolás Guillén posee su propia voz y un modo personal de asumir los nuevos aires de la poesía. Los poemas rupturistas de Guillén no se afilian totalmente a ninguna de las tendencias de la vanguardia. Según Ángel Augier, biógrafo de Guillén, «la asonada vanguardista del 27 al 30 sirvió, más bien, para remover su dormida conciencia poética ofreciéndole nuevas posibilidades expresivas, más cercanas a la vida real».

La liberación de los rígidos moldes estróficos y versales, la libertad de expresarse sin ataduras formales, resulta clave en la concepción poética de Nicolás Guillén. El «tiempo» se enmarca como leitmotiv en sus poemas rupturales, tanto en horas y minutos del presente como en los mundos futuros y la temporalidad del propio.

Por ejemplo, en «El aeroplano» se plantea la probable desaparición total de la civilización, y el avión, uno de los símbolos de esta, pierde su jerarquía de líder de la técnica del siglo XX para convertirse en un objeto desconocido e incomprensible para el hombre del mañana. Dentro de la ligereza e incluso humorismo de las proposiciones, se aboga por una reflexión sobre cuestiones como la temporalidad de las civilizaciones y las actitudes humanas ante fenómenos desconocidos.

Es así como los poemas rupturales le permiten a Guillén despreocuparse de moldes métricos y rimas, y de la metáfora tradicional; en ellos se evidencian antecedentes de recursos que serán característicos de la poesía posterior de este autor, como lo conversacional, la sátira, el humor.

 

Ruptura vanguardista desde los versos cubanos

Como sucede en todo el desarrollo de la literatura cubana, esta ruptura, y en general, el vanguardismo poético, no renuncia por completo a lo anterior, sino que lo asimila de forma diferente acorde a las nuevas tendencias.

Disímiles poetas de este momento vanguardista, como refiere García Ronda en su artículo Nicolás Guillén en la ruptura vanguardista, «humanizan los objetos desde su propia subjetividad, al contrario de la fórmula maquinista del futurismo canónico, donde muchas veces los sentimientos, y hasta las funciones biológicas de los seres humanos, tienen como base metafórica o metonímica la máquina o, en general, el mundo material».

Pita Rodríguez y Navarro Luna juegan con la tipografía y construyen círculos o escaleras, otros, practican asociaciones imprevistas, alteran la sintaxis u organizan un discurso objetivista; algunos como Ballagas y Guillén no renuncian a la emoción lírica.

Lo que une a los poetas de la ruptura es la asimilación de determinados rasgos de los «ismos» europeos, en diferentes niveles, aparejado a la intención del creador, para conformar una poesía superior a la del postmodernismo.

Nancy Morejón lo denomina un «toque de queda estético, el cual prepara el camino a un quehacer estético más actualizado». Deviene un nuevo paso hacia la evolución de la poética cubana, con respecto a Europa y otros países de América; una nueva actitud, audaz, desprejuiciada y desmitificadora, ante la poesía.

 

 

 

Myra Nova

Myra-Nova

Escritora, periodista y editora con cinco años de experiencia. Con publicaciones en periódicos, revistas y sitios web en Cuba y Latinoamérica. Más de tres años de experiencia en Corrección, Edición y Análisis de Guion. Integrante del Laboratorio de Escrituras “Encrucijada” dirigido por la poeta, narradora y dramaturga cubana Elaine Vilar Madruga.
 

Florencia

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