

Viviana Sampedro
Desde el oeste,
como un murciélago,
la mezquindad despliega sus grises alas carroñeras.
Remonta vuelo,
húmeda viaja entre tinieblas
que ocultan su avaricia.
Por la noche viene a recostarse
del lado izquierdo
de mi cama.
Con su aire enrarecido
abre mi ahogo.
Sin que logre despertar mis miserias,
sin que sus hilos rocen mis sueños
la dejo pasar,
mientras una lámpara encendida
la ve caer en el este
y revolcarse en la tierra
junto a una horda de bacterias.
Después se aleja envuelta entre hilachas pestilentes
que se hunden en los pantanos del sur.
Serena, la olvido.
Centrada en mi norte,
me detengo en el punto
en que, aferrada a mi eje,
una brisa transparente
acaricia el peso de mis plumas de cristal.
