

Gabriela Alfred
No es natural lo que se busca, lo que desesperadamente se busca.
La poesía no es fácil, es agotadora,
mentalmente,
sensorialmente,
emocionalmente;
es, en realidad, leer poco y reflexionar mucho,
forzar los sentidos a la musicalidad.
Ser poeta es un oficio arqueológico de desenterrar palabras,
extraerlas con cuidado de la tierra de nuestra mente,
desempolvarlas y observarlas con detenimiento
entomológicamente
y encontrarles un lugar justo
que marque la infinidad de los instantes que caben en un instante solo.
He descubierto, con Gelman, que solo la emoción puede parir nuevas palabras,
que no alcanza el idioma para algunos dolores.
Que el lenguaje se empeña en poner un límite a lo que no debería tenerlo y,
a veces
escribir es chorrear de palabras,
sacar por los ojos dolores en verso,
meter el lápiz en la llaga y horadarla de adjetivos vitales.
Quizás lo más difícil de crear sea no traicionarse,
hacerse responsable de los afectos propios
respetar la intimidad
no exponerla, no hacerla cadáver al sol
sin antes
construirle con palabras un lugar digno
que el sacrificio valga la pena
y si no, mejor la nada.
La nada tiene dignidad propia.
Considerar la breve línea entre la valentía y la necedad.
Piedra de toque:
amar al lenguaje con toda su imperfección.
No es natural lo que se busca, lo que desesperadamente se busca.
