

Viviana Sampedro
Xian Kai Nam, Xian Kai Nam.
Un claro caramelo ondeado
recupera en su orilla
el perfume de las flores
escapadas del derrumbe
de la Ciudad Prohibida.
Y a veces invade
los pantanos
desbordantes de arrozales.
Y a veces mira,
alborotado,
ondulantes barcazas de inquietos dragones.
Y a veces escapa,
hasta esconderse entre el húmedo follaje,
que oculta el pozo de fuego,
donde susurran callados gritos trajinados,
que alborotan su cauce.
Xian Kai Nam, Xian Kai Nam.
Distraído los deja ir indiferente.
¡Stop! ¡Fire!,
escucha el río, ensordecido,
y se asoma a mirar si
el agrio blanco roto
es americano o amarillo.
Espantado
se deja invadir
por roncos destellos de agonía.
Xian Kai Nam, Xian Kai Nam.
