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Regalar libros

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Ilustración: Caro Poe

 

Alejandro Zaga

 

 

Terminó el año (seguro uno de los más inquietantes en generaciones) y, como siempre, este cierre fue acompañado de la época de mayor gasto. Gastamos buen dinero en comida y si fuera otro año se hubiera gastado mucho más en viajes, pero sobre todo se tiene en mente gastar en algo extrañísimo: regalos.

Y es que la acción de regalar tiene una naturaleza reveladora, pues generalmente nos vemos reflejados en el acto de regalar. No me refiero necesariamente a que el objeto que se entrega nos describa o se pueda hacer un psicoanálisis (de ti y de toda tu familia) mediante el regalo, pero hay aspectos que se pueden rastrear mediante el esmero que conllevó encontrarlo, la exclusividad y hasta la presentación de este.

Dado que esta es una revista literaria, infiero que la mayoría de ustedes son lectores habituales, eso me lleva a presumir que han, por lo menos, pensado en regalar libros cuando llega el momento de regalar. Yo lo he hecho. Pero eso es precisamente lo que me remite a lo ya mencionado, el regalo es una proyección. Solemos tener círculos entre lectores porque otros círculos no nos soportan, ¿por qué de pronto se nos ocurre llevar la lectura fuera de los círculos?

¿Qué buscas queriendo que otro lea? ¿Es acaso un intento de imposición intelectual? Lo cierto es que no a todos nos gusta leer, incluso a quienes nos gusta leer no siempre esperamos leer, el primer derecho del lector es el de no leer, ¿no es así?

Puede haber otra explicación y es la que llanamente podría denominar sentirse solo. Con tamaña cantidad de producción literaria a lo largo de los siglos y que con las ventajas mediáticas y tecnológicas se amplían exponencialmente, es posible que alguno haya encontrado algo que le parece maravilloso y exuberante o sencillamente empático, un texto en que nadie en tu círculo ha tenido la oportunidad de sumergirse y es natural querer compartirlo. Paulo, también redactor de Katabasis y yo, compartimos un insaciable gusto por Phillip Roth y lo recomendamos cada que tenemos oportunidad.

Ahora viene una parte más amable de esta acción. Cuando nuestro siempre bienintencionado corazón dice “quiero que tú leas esto”, por lo que el contenido representa/porque me hizo pensar en ti/porque te he escuchado ideas similares. Conozco a alguien que ha regalado al menos cinco veces Demasiado amor de Sara Sefchovich y todas fueron sinceras.

Aquí entran, como arma de doble filo, las compras navideñas de autoayuda por parte de no lectores que, con toda la buena intención, quieren darle a su familiar que lee (tal vez has sido tú) algo que disfrute. No se les puede culpar, a estas alturas ya está (o debería estar) superado el pensamiento aquél que postula al lector como alguien de moral impecable y superior al no lector. Tu familiar, amigo o pareja te puede regalar un libro que no te guste pero aun así se trata de un desprendimiento, un esfuerzo que hizo, a veces con el afán de agradarte.

Los regalos son donaciones y éstas, teóricamente, liberalidades jurídicas, que consisten en la disposición gratuita de cosas en favor de otro ¿qué significan estos términos aburridos? Que alguien se desprende de algo que le pertenece para que otro lo obtenga sin recibir algo a cambio. Como dije al inicio, la naturaleza de los regalos es extraña, pues uno busca utilizar dinero en objetos o servicios con el único fin de que otro los disfrute y entre los círculos de lectores, los libros son algo especial, porque simpatizamos (es decir, comprendemos la experiencia/afectación) que produce la acción de leer.

Como breviario, e intentando que te motive a compartir anécdotas también, a mí en un intercambio me dieron una vez un libro que ya tenía, mientras vi al resto sorprenderse por lo que habían recibido. En otra ocasión, como a mi hermano menor le encantaban los videojuegos del Profesor Layton (juegos de acertijos) le regalé una antología de historias de Sherlock Holmes y, si no mal recuerdo, fue el primer libro que tuvo sin contar los heredados o escolares.

En este momento tus regalos ya deben estar listos, incluso pudiste haberlos entregado ya. Si fueron libros, ¿qué te llevó a escoger esos títulos específicamente? Si tienes hijos, ¿has intentado iniciarlos en la lectura? ¿Cómo lo han tomado? ¿Recibiste libros en esta u otras navidades? ¿Todos ellos han sido libros que te gustaron? Comparte tus experiencias con nosotros, estamos ansiosos por saber de qué hablamos cuando hablamos de regalar libros.

Por último, comparto un fragmento de Amelia Rosselli, autora del último libro que regalé (ya sé que está fuera de contexto, pero tiene la palabra clave del artículo).

Las flores vienen de regalo y luego dilatan
las silencia una vigilancia penetran te
no hay que cansarse nunca de los regalos.

 

 

 

Alejandro Zaga

Alejandro Zaga

 

Caro Poe

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