• Desciende al mundo de la cultura literaria
  • contacto@katabasisrevista.com
katabasiskatabasisms-icon-310x310ms-icon-310x310
  • Actualidad
  • Arte
    • Artes Escénicas
    • Artes Plásticas
    • Cinematografía
    • Música
    • Recomendaciones Literarias
    • Videojuegos
    • Anime
  • Saberes
    • Ciencia
    • Filosofía
    • Gastronomía
    • Historia
  • Opinión
    • Chismes Literarios
    • Crónica
    • Entrevistas
    • Ensayo Literario
    • Opinión
    • Fomento de escritura
  • Creación
    • Cuento
    • Dramaturgia
    • Híbridos
    • Microficción
    • Novela
    • Poesía
    • Relato
    • Traducción
    • Narrativa Gráfica
  • Multimedia
    • La Barca de Caronte
    • Eco de las Musas
    • La Cera de Pigmalión
    • Podcast
    • Anábasis
  • Revista
  • Directorios
    • Dirección
    • Diseño
    • Redacción
    • Multimedia
  • Convocatorias
    • Convocatoria artículos
    • Convocatoria Textos Literarios
    • Convocatoria Infantil 2021
  • Talleres
    • Taller de Textos Literarios | La Memoria del Alma

La bombacha en el alambrado

  • Home
  • Creación Cuento
  • La bombacha en el alambrado
La filosofía en el anime
6 diciembre, 2021
Papel tapiz
6 diciembre, 2021
Publicado por adminkatabasis at 6 diciembre, 2021
Categorías
  • Cuento
Tags
  • Cuento
  • La bombacha en el alambrado
  • QÜIJOTE
  • Rodolfo Alberto Micchia
  • Sofía Olago

Ilustración: Sofía Olago

 

QÜIJOTE

 

 

1

Pulpero de origen y de apellido Delgado, Olivio era más conocido como «el gaucho Alambre», vestía bombacha gauchesca, de marca Pampero la misma y alpargatas bigotudas, esas que crecen despacito como barba descuidada.

El ardiente sol de la tarde se hizo sentir y el gaucho Alambre decidió dar un paseíto por el río para refrescarse las tabas.

Se quitó las alpargatas y las medias con rombos de vivos bordó, el agua estaba espléndida, miró de un lado a otro donde el río formaba una herradura, se desprendió de sus prendas colgándolas en el alambrado y entró al agua así, como Dios lo trajo al mundo.

Metida hasta la rodilla, Clementina estaba a escasos cincuenta metros, pero ninguno de los dos notó la presencia del otro.

Mas de media hora estuvo el gaucho hasta que arrugó sus extremidades todas, por su lado, Clementina se había calzado las ojotas cuando escuchó un grito masculino, bueno, casi masculino.

Alambre sintió un tirón justo en la bragadura, el mejor cebo para pescar anguilas es la carnada pequeña, un ardid para el engaño son las diminutas larvas y los peces muertos, fue ahí que el pez confundió la entrepierna de Olivio con una mojarra y pegó el chupetón.

El gaucho Alambre salió corriendo del agua con la anguila retorciéndose de un lado pal’ otro; Clementina abrió tanto los ojos que casi se le salen de sus órbitas: jamás había visto tanta masculinidad junta, claro que a esa distancia no apreció la fisonomía, tampoco se esforzó mucho, de la cintura para arriba la vista estuvo fuera de foco, pero del medio para abajo, el enfoque la ruborizó.

Y Olivio salió a los piques, tomo las prendas, las alpargatas con las medias dentro y corrió para el monte tratando de desprenderse del depredador, por suerte a los cien metros logró soltarla, la anguila dejó su marca en la extremidad arrugada.

Clementina fue al lugar del avistaje y notó un jirón de tela enganchada en el alambrado, como en el cuento de Cenicienta debía encontrar el calzar de ese pequeño retazo, sus años de costurera no fueron en vano, sabía exactamente qué tipo de genero buscar, claro que su lengua no guardó mucho silencio, al otro día el pueblo entero murmuró tal búsqueda.

2

En la pulpería, el gaucho Alambre acomodaba la mercadería que había llegado temprano, cuando también se enteró de la noticia, sus oídos percataron el susurrar de dos damas, que hicieron hincapié del susodicho buscado y escuchó más de un costado, porque del otro andaba sordo, que un varón muy bien dotado estaba levantando suspiros, más de sesenta centímetros según dichos de Clementina, que llevaba en su retina, el inesperado encuentro, donde lo vio muy adentro correr a campo traviesa.

Ya a la semana el pueblo era otro, rebosante de intrigas y habladurías llenaban las calles de murmullos, ¿Quién era el beneficiario de semejante atributo?, ¡no podía pasar por alto en un pueblo tan pequeño!

Los cortes de luz y las altas temperaturas caracterizaron ese verano, Clementina andaba con el retazo en el bolsillo cuando entró a la pulpería a comprar velas, Olivio la atendió como de costumbre.

–¿Como dice que le va Doña Clementina?, –¿que anda buscando?, –¡¿Como está, Alambre?!, –¡estoy necesitando unas velas, vio que cada dos por tres se está cortando la luz!, –¡Es cierto! --dijo Olivio, mientras daba la vuelta para agarrar una caja de candelas, fue ahí donde Clementina notó el pequeño faltante de tela en la bombacha del gaucho

y gritó: –¡¿Es usted?!, –¡Olivio Delgado!, Alambre giró sobre sus talones y le dijo: –¡Y si Clementina!, –¿quién voy a ser?… --¡Quiero decir!, –¡es usted muy!... Y cayó como bolsa de papas desparramada en el piso.

El gaucho que siempre tenía orujo de uva sobre el mostrador, le dio de olfatear el aguardiente el que al instante la revivió, como si estuviera de pie sobre un colchón esponjoso, recordó su corretear, para un lado y para otro golpeaba su remembranza hasta que al fin se incorporó, –¡Parece que le dio un vahido!, –¡la calor debe ser! –dijo Olivio.

Ese día pronosticaban cuarenta y dos- Clementina ya repuesta, comentó con disimulo: –¡Esta linda la tarde pa’ refrescarse en el rio!, –¡Ajá!, –¡capaz que me dé un chapuzón!, –acotó Delgado.

Y ahí lo vieron al Alambre, con las bermudas floreadas ceñidas al cuerpo, ahí donde el rio formaba una herradura.

Las mozas se amontonaron para ver tal magnitud, lógico que ingresó con tres pares de medias encima, bajo el ombligo llevaba esa zona protegida, no vaya a ser cosa que, en un descuido, le den otro chupetón.

 

 

 

QÜIJOTE

Perfil sin f

Mi nombre es Rodolfo Alberto Micchia, mi seudónimo es QÜIJOTE, tengo 65 años, nacido en Quilmes, provincia de Buenos Aires, Argentina en el año 1956, si bien hace mucho que escribo, habiendo cumplido mi ciclo laboral establecido, me dedico mas de lleno a la pasión por la escritura, agradezco la oportunidad que nos brindan, incentivando al escritor, como así también la lectura.
 

Sofía Olago

Foto Semblanza Sofía Olago

Total Page Visits: 246 - Today Page Visits: 1
Compartir
adminkatabasis
adminkatabasis

Relacionados

Ilustración: Sofía Olago

5 febrero, 2022

Ojalá


Leer más

Ilustración: Caro Poe

5 febrero, 2022

Estando aquí no estoy


Leer más

Ilustración: Caro Poe

5 febrero, 2022

Si se sueña mal, se desea el mal* 


Leer más

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Nuestros amigos

Disfruta también:


  • Seis disertaciones de Soy un gato de Natsume SosekiSeis disertaciones de Soy un gato de Natsume Soseki5 junio, 2021
  • Donde los secretos y la espera se juntanDonde los secretos y la espera se juntan5 abril, 2020
  • Sin termómetros no hay aireSin termómetros no hay aire5 marzo, 2021
  • —una noche descubrí que bajo mi cama  había pequeñas ciudades azotadas  por un dios con traje oscuro——una noche descubrí que bajo mi cama había pequeñas ciudades azotadas por un dios con traje oscuro—5 agosto, 2019
  • Hiroshima mon amour y  las conexiones del arte con el todoHiroshima mon amour y las conexiones del arte con el todo5 junio, 2020
  • Mon coeur qui batMon coeur qui bat5 octubre, 2019
  • Diseño4 agosto, 2020
  • Enemigo propioEnemigo propio5 junio, 2019
  • Zyklon © ValleZyklon © Valle5 septiembre, 2020
  • Óscar David Martínez (Sator)4 abril, 2021

Tags

  • ¡Que no cunda el pánico y coge una toalla!
  • ¿A qué le teme el investigador Héctor Hernández?
  • ¿Cabe el manga en la literatura?
  • ¿Qué es la muerte?
  • ¿Qué le hizo la curiosidad al gato?
  • ¿Qué puede hacer la poesía por ti?
  • ¿Vivimos en una simulación?
  • @nostare_
  • #Hispanoamérica
  • #Prosa
© 2020 Revista Katabasis.