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Ilustración: Florencia Luna

 

María Alejandra Luna

 

 

Yo sé que te encanta el análisis inmanente de las expresiones artísticas y separar a les escritores de sus escritos, pero también sé que te encanta todavía más conocer el contexto de creación de una obra y —¿por qué no?— indagar en la biografía de une artista. Te gusta anular la figura de le autore a la hora de leer y analizar y, sin embargo, no podés evitar la creencia de que un texto fue concebido con intenciones -estéticas, políticas, etcétera- y de que estás habilitada para leerlo con intenciones.

En fin, te preocupa el texto propiamente dicho, pero además estás pensando en el antes y en el después. Sobre todo, cuando te parás unos minutos a revisar los estantes donde reposan los libros y notás que hay muchos varones de países dominantes o de ciudades hegemónicas y que encima están muertos. La mayoría, muertos. ¿No aprendiste nada, entonces, Alejandra? Te dio mucha pena saber que Gustavo Adolfo Bécquer no llegó a saber que «Poesía eres tú» conocería la luz y sería replicado en torpes confesiones de amor y en memes. Te dio mucha pena y no podés seguir ignorando a les autores que viven.

Poco a poco vas haciendo compras y vas renovando tu propio canon. Canon, ja. Te da risa. No te imaginás imponiendo tu opinión, solo compartiéndola para encender la inquietud en otras personas. Decís en una historia de Instagram que estás cansada de recurrir a los mismos nombres de tipos bonaerenses y que querés seguir ampliando tu horizonte, leyendo a autores que no tuvieron tanta suerte. Así te deslumbran Susy Shock, colibresca entidad poética, y a César González, que encontró sus ganas de escribir desde la cárcel.

Esos estantes ya no parecen tan grises, ¿no? La diversidad colorea. Y, como manifestás en voz alta lo que te preguntás y cuestionás, un día tu mamá te escribe un mensaje. Te cuenta que hay un proyecto: Salvaje federal. Reconocés la categoría. Unitarios y federales. Salvajes y civilizados. Te da mucha curiosidad. Entrás en la página, empezás a seguir a @salvajefederal y mirás el catálogo. Te sorprende que esté dividido por regiones, por provincias. ¡Caíste en la trampa, Alejandra! Hay mucha literatura fuera de Buenos Aires y creías que estabas tan deconstruida sobre tantos asuntos que se te pasó interrogarte al respecto. Habías pensado en tipas y tipes, pero no les diste otra ubicación.

¡Salvaje federal terminó de ponerte demente! Evaluás las posibilidades. El centro está descartado de antemano. Norte o Sur. ¿Por qué no ambos? Norte y Sur. Al Norte, un poeta y un poemario bilingüe: en quechua y en castellano. Compradísimo. Al Sur, Dos palabras y una mujer. Compradísimo, sin dudas. Antes de que los ejemplares toquen el timbre de tu casa, suponés que vas a encontrarte con una novela. Cuando comenzás a leer, te descubrís equivocada.

 

 

Dos palabras

 

Tanto el prólogo como la contraportada te avisan que Cynthia Cordi, gracias a la reedición de los diarios de Ada María Elflein, hizo la correspondiente investigación y quiso ficcionalizar sus últimos momentos de vida y, particularmente, su vínculo con Mary Kenny. Es decir, tenés ante tus ojos páginas que describen a dos compañeras en el casi lecho de muerte de una de ellas. Adorás que el argumento gire en torno a esa quietud. La quietud que antecede al deceso y al duelo y que permite a los seres sabios detenerse a mirar, a disfrutar, a recordar.

Sí, tiene formato de novela. No obstante, te incomoda decirle así. Le queda inadecuado. Es una novela polifónica. No. Es bifónica. No, no. Es trifónica. Ada María, por un lado. Mary, por el otro. Cynthia, más allá. Es una novela introspectiva. Las protagonistas hacen memoria, revelan ante sí mismas cosas que no dijeron ni dirán, se atesoran mutuamente cada cual a su manera. Ellas son mujeres mayores y tuvieron un estilo de vida atípico. Han viajado juntas, han llenado esos diarios, han compartido fiestas y complicidad. Se preguntan si son feministas y concluyen que no. Tal vez les parece apresurado o anacrónico. En Alfonsina sí ven a una feminista.

Dos palabras tiene unos pasajes preciosos. Se da el lujo de reflexionar sobre el proceso escritor. Va y viene. El último retazo de experiencia habilita párrafos sentimentales y poéticos, pausados, lentos. Marchitarse, marcharse son verbos tratados con el peso que les corresponde. Ada María se va y no viene más. Mary deviene en su deuda. Una se marcha y se marchitan las posibilidades. Pero no se marchitan las palabras y las miradas intercambiadas, compartidas, pasadas. Todo lo contrario: se inmortalizan entre una tapa y una contratapa que atrapan para siempre esos dos nombres enlazados.

Te quedás observando el título. Dos mujeres. Una palabra cada una. Dos palabras cada una. Dos palabras entre las dos. ¿Te quiero? ¡Te vas! No, gracias. Quedate conmigo. Te cuido. Por favor. Hasta luego. Gracias, adiós. Hola, hola. Soy tal. Yo, tal. Seamos compañeras. Te apaño. Te acompaño. ¿Venís, Mary? Voy, Ada. Los textos no tienen que mostrarnos la totalidad, tienen que dejarles espacio a nuestra imaginación y a nuestra humana necesidad de completar. Esa técnica, ese silencio consecuente que se abre a un montón de palabras que no están y que pueden sospecharse lo hace Cynthia, la tercera.

 

 

La tercera

 

La web de Salvaje federal acerca esta información sobre la autora: «Cynthia Cordi nació en Tierra del Fuego (Ushuaia). Escritora y licenciada en Ciencias Políticas. Autora de Dos palabras, sobre la vida de Ada María Elflein, y compiladora de Impresiones de un viaje»*. Terminaste de leer Dos palabras y recordás a Bécquer. Te animás a aprender la lección. Cynthia Cordi está viva. La seguís en @cynthia.cordi para asegurarte completamente. No sabés si alguien va a sentirse aludide o si alguien va mirar tu publicación siquiera, pero publicás en tu feed una foto de la portada del libro y arrobás a la editorial, a la distribuidora y a Cynthia. La recomendás en tus stories. Es importante difundir las obras cuando las obras están más vivas que nunca.

La literatura, Alejandra, ya está harta de que le presten atención solamente cuando ha cumplido cien o trescientos o miles de años. Existe ahora y en todas partes. Existe en ediciones históricas, por supuesto, es innegable, pero existe a tiempo en las novedades. ¿A tiempo? Sí, a tiempo para el asombro y el reconocimiento. Y especialmente para contemplar de lleno el contexto de creación y las biografías andantes que son les autores.

 

 


*https://www.salvajefederal.com/productos/dos-palabras-cynthia-cordi/

 

 

 

María Alejandra Luna

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Florencia Luna

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