

María Alejandra Luna
Te maldigo.
Te maldigo en el nombre de todos los astros que desconozco.
Porque te quería te maldigo.
Porque te quería como no querrán jamás una infinidad de cielos móviles.
Pero no supiste qué hacer.
Pero no supiste qué hacer para merecer tanto cariño y lo rompiste.
Te maldigo.
Te maldigo en nombre de todas las veces que no gemiste mi nombre.
Porque te quería te maldigo.
Porque te quería como quieren la carne y el alma y los aromas y los sueños.
Pero no supiste qué hacer.
Pero no supiste qué hacer con tantos besos y llantos y versos.
Te maldigo.
Te maldigo en tu nombre y en mi nombre y en nombre de todos los testigos.
Y tu cama ya no es mi cama.
Entonces está maldita.
Y tus ojos ya no me miran.
Entonces están malditos.
Y tus voces ya no me llaman.
Entonces están malditas.
Tus sueños no me sueñan.
Tus manos no me desgarran.
Tus besos no me amparan.
Y te maldigo.
Porque soy una gitana maldita de amor.
De desamor.
De traición.
Y te maldigo.
Porque soy una gitana maldita de vos.
