

Eréndira Cuevas
Sin duda las ferias y eventos libreros siempre resultan llamativos ya sea por la posibilidad de encontrar algún título que no hemos podido conseguir, hallar precios atractivos o participar en alguna actividad con nuestros autores favoritos.
En este sentido, la Feria Internacional del Libro (FIL) del Palacio de Minería es uno de los eventos más esperados cada año por los habitantes de la Ciudad de México, quienes suelen abarrotar el espacio en busca de esos libros que satisfagan sus deseos intelectuales... o al menos, solían hacerlo. Y es que a pesar de ser uno de los eventos culturales mejor posicionados entre la gente, parece que las conglomeraciones en Minería han dejado de ser lo que representaron antaño.
El último viernes de la FIL decidimos compartir algunas imágenes con ustedes; sin embargo, hemos de admitir que lo hicimos con cierto desconcierto pues el panorama que encontramos no era para nada el que esperábamos.

Al ser fin de semana y además quincena, nuestra expectativa el pasado 28 de febrero era encontrar un Palacio de Minería en el que fuera difícil caminar y nos resultara complicado detenernos en los stands para examinar los libros ofrecidos.
Nada más llegar, notamos que el espacio principal lucía inusualmente despejado y aunque recorrimos el resto del lugar varias veces, el escenario era el mismo: unas cuantas personas deambulando entre los espacios y deteniéndose tranquilamente a evaluar lo que tenían frente a ellos. Y sí, también notamos que la imagen del comprador de libros, cargando varios ejemplares, fue escasa.
Por lo mismo, los comentarios entre los asistentes no eran tan audibles como solían serlo, las pocas consultas que llegamos a escuchar iban sobre textos académicos y de consulta. Era más recurrente ver a alguien que levantaba un libro para ver su precio y volvía a colocarlo en su sitio o acercarse a preguntar el costo de algún ejemplar para después desaparecer casi silenciosamente de los stands.

Quizá debido a que ya se previa un resultado semejante, este año notamos que algunas editoriales ofrecían material con descuento, como el caso de Cal y Arena, que a decir de uno de los expositores habían decido poner libros desde 50 pesos debido a que venían notando que las ventas en la FIL ya no son como antes.
Quizá eso explicaría la ausencia de expositores como Colofón, a quienes las ventas en esta Feria ya no les resultaron atractivas y decidieron no participar, o la disminución de actividades por parte de los propios organizadores, quienes programaron poco más de mil 300 en comparación con las mil 500 del año pasado.
Aún así, tanto nosotros como algunos expositores atribuimos la poca afluencia a que se acababa de confirmar un caso positivo de Covid-19, o Coronavirus, y lamentábamos la caída en pánico de los capitalinos que posiblemente les había llevado a evitar ciertos eventos o lugares.

Pero días más tarde, en la conferencia de clausura, el director de la FIL de Minería, Fernando Macotela, confirmaba que este año disminuyó la cantidad de asistentes y, por ende, las ventas. Aunque aclaró que ya no se difunde este dato por posibles sesgos estadísticos en la encuesta que contabilizaba dicha información.
Y aunque, como el mismo Macotela señaló, es complicado conocer a ciencia cierta las causas de esta disminución en la cantidad de asistentes, los comentarios en redes sociales se han centrado en la falta de incentivos como descuentos respecto a los precios en librerías, eventos llamativos e incluso en el hecho de que la entrada no sea gratuita.
Queda esperar para ver si la organización de la FIL presenta algún cambio para 2021, o si el público recupera el entusiasmo por el tradicional evento.
