

Jennifer Puello Acendra
Durante toda mi vida universitaria me presentaron autores literarios hombres, generalmente blancos, mayores o muertos, clásicos en sus campos, inmensos, gigantes, inalcanzables; hablaban de cosas fascinantes y yo contenta los leía. Una que otra vez salía un texto diferente, escrito por una mujer o por un negro… pero pocos, no eran conocidos y no parecía ser tan importante.
Pero los años van pasando y las experiencias ayudan a cuestionarse cosas ¿por qué el canon?, ¿por qué tan rígido? ¿Por qué se suelen nombrar a los mismos cincuenta? ¿No escribían otros? El cambio de universidad (que incluía un cambio de región) fue una bocanada de aire fresco, empecé a conocer poetas que jamás había escuchado y mis ganas por lo nuevo fueron en aumento.
Empecé, ya no solo a cuestionarme sino a entender, que lo leído de un lugar a otro es muy variado y que, entre tanto, muchas buenas cosas se pierden. Y de la nada, como caído del cielo, llegó a mis manos (digitales) una antología de mujeres poetas, algo nuevo y vibrante, pero además eran poetas afrodescendientes. Ellas hablaban en un lenguaje que me estremece, que me hace sentir identificada y que revuelve muchos preconceptos estáticos sobre lo bello y lo bueno que tenía en mi cabeza.
Algunas me fueron más significativas, se me introdujeron en la piel y afloraban cada cierto tiempo. Entre esas, conocí a Jenny de la Torre Córdoba, barranquillera de nacimiento, cartagenera por crianza y de raíces chocoanas. Desde antes de nacer ya había viajado por media Colombia, y ya nacida decidió abrir las alas y hacerlo más lejos.
Esos movimientos, como de mariposa negra, me enamoraron. Me vi en sus poemas, como quien se ve en un reflejo en el agua: no exacto, no era yo, pero era alguien con quien me identificaba a pesar de la distancia temporal y espacial.
Otra en mí (Fragmento)
Mis ojos tienen agua escondida,
de tanto buscar la otra en mí.
Busco la compañera que no envejece,
que cuida mis desvelos, no me juzga,
y sonríe ante mis penas.
Leerla es como escuchar un tambor, como si se uniera el pacífico y el atlántico colombiano y entonaran una melodía, y sus temáticas traen consigo la belleza de lo negro, pero también lo difícil, lo dulce y lo amargo.
Mi negritud (Fragmentos)
Mi negritud es de un rojo acrisolado.
Camina desnuda por mi cuerpo de ébano.
Se pasea con sombrero de ala
y zapatos de tacón alto.
Mi negritud es huérfana.
Sin casa, sin vecinos, sin amigos.
La sacaron de paseo y no la regresaron.
Mi negritud se viste de coral y seda.
Recorrer sus letras es recorrer años de historia negra, es una ventana a conocer otros mundos y aventurarse a sentir. Permite también transitar la geografía, ir de un océano a otro, atravesar cerros y montañas en el camino, llegar por fin a la playa y tumbarse al sol, esperar que el cielo se pinte de colores hasta hacerse oscuro y disfrutar de las estrellas al ruido de las olas.
Cuando vuelve a ver el reflejo, Jenny ha desaparecido, solo queda la sensación que hubo alguien ahí, que no me conoce, pero me entregó un regalo y sanó heridas que no sabía que seguían abiertas. La cicatriz que quedó me hace más bella, más fuerte, más feliz.
Trilogía épica (Fragmento)
Sobreviven la tierra y tu tez canela.
Cierras tus heridas con arcilla,
esperas la resurrección amasando metales
en medio de bosques y mares.
Nací Cimarrón
Era un siete de Junio,
El reloj de pared se
Estremeció: Una sola campanada.
Una de la tarde, yo nacía.
El cielo colombiano se rompió.
Sus lágrimas negras
tiñeron mi piel y mi agonía.
Recomendaciones:
Antología de mujeres poetas afrocolombianas (2010). Recopilación realizada, por Cuesta Escobar, Guiomar y Ocampo Zamorano, Alfredo En: Antología de mujeres poetas afrocolombianas - Biblioteca de Literatura Afrocolombiana - Colecciones digitales - Biblioteca Virtual del Banco de la República (banrepcultural.org)
¡Negras somos! Antología de 21 mujeres poetas afrocolombianas de la Región Pacífica (2009). Editado por la Universidad del Valle.
